miércoles, 13 de agosto de 2014


CIMAS

Un lenguaje territorial se delinea por las curvas de mis ojos, abruptos horizontes con piel de aullidos desterrados.

Gritan los músculos forzados con el calor de un sediento corazón con silencio terrenal.

Lluvias de sudor separan los límites de la ingravidez al pie de dioses indómitos de yermas metrópolis.

Su mortal rubor resuena en los vacíos vientres repletos de anhelo sustancial de vida.

Respiran los cuerpos magullados de los golpes de insomnio, que por escribir sus destellos, descienden de la gravedad para ponerse en su lugar.

Y al pie de los cielos me asomo a los vacíos de los suelos, desquitando la razón a la sinrazón y haciendo un verso equilibrado en formas.

Con la voz del miedo, me coso las lágrimas al pecho para no derramar las razones de mis hechos.

Barcos de piedra que surcan los mares de vientos erizados bajo los pies de mi condición.

Un conquistador de olvidos, que juega a dibujar los deletreados horizontes invertidos, donde posar con firmeza la fragilidad de mi humanidad.

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